jueves, 22 de junio de 2017

Wonder Woman y Blackadder: no hay guerra noble

Advertencia: esta entrada contiene spoilers sobre La Mujer Maravilla, además de Blackadder Goes Forth. Si aún no ha visto la película o la serie, y desea darle una oportunidad a una u otra, siga leyendo bajo su propio riesgo.

La semana pasada fui a ver La Mujer Maravilla, la última película de Universo Cinematográfico de DC, y es sin dudas la mejor hasta ahora. Claro, superar a Batman vs. Superman y Escuadrón Suicida no es algo difícil, pero la cinta de Patty Jenkins tiene suficiente fuerza por sí misma para superar incluso a gran parte de las películas del Universo Marvel. No es, como aseguran algunos medios, la primera cinta o trabajo audiovisual que presenta una protagonista notable, pero sí es una de las pocas que puede llegar libremente a todas las edades, y esto permite que sea un modelo de rol femenino importante para generaciones futuras.



Luego de esa introducción tan cursi e intelectualoide, paso a lo importante. Uno de los cambios más notables de La Mujer Maravilla con respecto a la historia del cómic es que la película se ambienta hacia el final de la Primera Guerra Mundial, en lugar de la Segunda. Si bien esto probablemente se hizo para evitar la comparación con Capitán América: el primer Vengador, permite de hecho entregar un mensaje mucho más directo sobre la realidad y los horrores de un conflicto bélico, especialmente uno de escala global, y la naturaleza misma de la humanidad. En esto radica principalmente su ventaja sobre la introducción de Steve Rogers, y tal como afirma Ego en su excelente reseña sobre la película, demuestra que las películas de DC tratan de ser más profundas en sus temas, aunque algunas se hayan perdido en terribles narrativas y guiones confusos.

Después del cine, no pude evitar pensar en la visión sobre la Gran Guerra -la cual ingenuamente, como nos recuerdan en la película, era llamada también “la guerra que acabaría con todas las guerras”- sin recordar una serie cómica que representó muy bien, a su manera, la futilidad y desespero de la misma: Blackadder Goes Forth, la cuarta temporada de la popular serie británica Blackadder (La víbora negra), protagonizada por Rowan Atkinson (el famoso Mr. Bean) y Tony Robinson, y con la compañía también de Hugh Laurie (sí, el doctor House).

Ahora saben de dónde surgió este momento.

Tanto La Mujer Maravilla como Blackadder se encargan de romper amargamente la visión bucólica que personajes en ambos trabajos mantienen sobre la guerra y el combate, y demostrar que, en última instancia, nunca hay tal cosa como una guerra buena o noble, especialmente en una tan sangrienta e impactante como la Primera Guerra Mundial. Exploremos esto con más detalle. Antes, por supuesto, también recomiendo la serie de entradas de Ego sobre las causas y consecuencias de este conflicto masivo que se dio entre 1914 y 1918.

La Mujer Maravilla empieza mostrándonos la infancia y adolescencia de Diana (Gal Gadot) en Temiscira, la isla de las Amazonas, al igual que el origen de estas y su relación con los dioses. Diana, hija de la reina Hipólita (Connie Nielsen), crece en medio de mitos e historias de grandes héroes. Su tía Antíope (Robin Wright) es además general del ejército de las Amazonas, y una heroína de otros tiempos, que se encarga de entrenar en secreto a su sobrina para el posible regreso de Ares, dios de la guerra, quien fue desterrado del Olimpo tras masacrar a los demás dioses. A pesar de las protestas de su madre, Diana se prepara como guerrera, lista para proteger a la humanidad cuando lleguen tiempos sombríos.

Cuando la oportunidad se presenta, a través del piloto Steve Trevor (Chris Pine) y su accidente en Temiscira, seguido de una pequeña invasión alemana, Diana no duda en acompañarlo en su misión, pues está segura que detrás de la Gran Guerra y la masacre entre los países del mundo del hombre se encuentra la influencia de Ares, y el destruirlo pondrá fin al conflicto que el general Ludendorff (Danny Huston) y su asistente, la Doctora Veneno (Elena Anaya), pretenden continuar. Aun cuando Hipólita y Steve tratan de hacerle ver la simplicidad de su visión del mundo, Diana se empecina en asistir a los hombres.

El idealismo e ingenuidad de Diana sufren un rudo impacto cuando se encuentra con las secuelas de la guerra: viejos y jóvenes mutilados, con ojos perdidos en la nada; pueblos secuestrados; trincheras inútiles donde muchos soldados han pasado años sin ver más que lodo y muerte. Incluso el equipo que Steve reúne le muestra las muchas caras nada agradables del mundo de los hombres: un marroquí francés discriminado por su color de piel, un veterano de guerra afectado por el shell shock (una forma de estrés postraumático común entre soldados de la Primera Guerra), con pesadillas de la barbarie, un nativo americano que recuerda cómo su pueblo fue masacrado por el mismo pueblo de Steve. Y aunque su espíritu y determinación chocan muchas veces contra la realidad del conflicto, las tragedias de sus compañeros y el cinismo de Steve, él mismo hastiado de los horrores de la guerra, Diana aún cree que puede detener la guerra cuando encuentre a Ares.


La inexperiencia de Diana llega a tal punto en que, tras un ataque con gas a una aldea que acababa de salvar, es incapaz de procesar que los humanos sean capaces de tomar tales decisiones crueles contra los suyos, e incluso cree que Steve está igualmente cegado por la influencia de Ares. Su triste despertar llega cuando, tras asesinar al que ella cree es la encarnación del dios de la guerra, se da cuenta que los alemanes aún conspiran para masacrar inocentes: la guerra no ha terminado. A través de las palabras de Steve y el mismo Ares, que se revela a sí mismo hacia el final de la película, la hija de Hipólita comprende por fin las palabras de su madre, y que los seres humanos son capaces de infligir dolor y miseria por su propio albedrío, aunque también de nobleza y altruismo.

Si bien, tal como resalta Ego, el mensaje pierde un poco de su fuerza tras el combate entre Diana y Ares, esto termina siendo quizás algo más simbólico, teniendo en cuenta que el armisticio se firmaba en ese momento. Y por otro lado, aunque Ares se justifica en cómo bastaron unos cuantos susurros a las personas adecuadas para poner en juego el final de la guerra, eso hace pensar si su influencia habría sido suficiente con sujetos como Steve. Y por supuesto, la victoria es agridulce, pues Diana, decepcionada por las experiencias vividas y el cinismo y complejidad moral del mundo de los hombres, se aísla de ellos y de su propio pueblo por casi un siglo, hasta que la batalla en Metrópolis le recuerda el altruismo, la determinación y el valor que conoció en su primer viaje. A pesar de la brutalidad de la guerra y el conflicto, siempre pueden encontrarse verdaderos héroes en ella.


Blackadder es una visión más cómica, pero irónicamente es, hasta cierto punto, menos optimista que La Mujer Maravilla. Para ponerlos en contexto sobre la serie, es una comedia histórica que sigue las aventuras y desventuras de los Blackadder, una familia presente en diferentes períodos de la historia británica, donde siempre nos encontramos con un Edmund Blackadder (Atkinson) acompañado por su sirviente, Baldrick (Robinson). A través de los siglos, cada descendiente de Blackadder es más astuto e inteligente que el anterior, aunque igualmente desciende en la escala social, mientras que Baldrick se hace más estúpido y sucio (aunque el Baldrick de la Regencia es más estúpido que el de la cuarta serie), y cada uno de ellos trata de obtener poder y prestigio.

En la cuarta serie, Blackadder Goes Forth, el protagonista es el capitán E. Blackadder, un oficial británico en el Frente Occidental durante la Primera Guerra Mundial, acompañado en las trincheras por su sirviente Baldrick y el estúpido teniente George (Laurie), mientras recibe órdenes del incompetente general Melchett (Stephen Fry) y su asistente y rival de Blackadder, el capitán Darling (Tim McInnerny). Sin embargo, a diferencia de sus antepasados, este Blackadder, más melancólico e introspectivo que ellos, no busca una mejor posición social. El capitán sabe que están luchando una guerra sin sentido contra los alemanes, y que él y sus hombres estarán muertos en cuanto los imbéciles generales al mando los hagan marchar a la tierra de nadie, así que su objetivo es simplemente escapar de su seguro destino.


Goes Forth es una serie más satírica y crítica que las anteriores Blackadder. A través de sus seis episodios, las diferentes situaciones cómicas y los comentarios sarcásticos de sus protagonistas, presenta un duro cuadro de la naturaleza de la guerra, las experiencias de los soldados, las leyes de guerra de la época, la indiferencia de los altos mandos ante el sufrimiento de sus hombres y, en general, el concepto de “leones-comandados por asnos” que para muchos define al ejército británico de la época. Es una comedia brillante que al mismo tiempo representa una parte sensible y dolorosa de la historia.

Una escena que resume la visión de la serie: “Con 50 mil hombres muertos a la semana, ¿quién va a extrañar una paloma?

Aunque la serie es criticada a veces por simplificar este período histórico, su episodio final, Goodbyeee, presenta sin duda una escena realista y conmovedora de la guerra. En este, Blackadder y su escuadrón reciben finalmente la orden de marchar sobre las trincheras al amanecer, y el capitán decide fingirse loco para evitar ser enviado a combate. Sin embargo, el plan se va pronto al traste. Al mismo tiempo, Darling es enviado a las trincheras por Melchett para tener el “honor” de estar en el combate, y a pesar de sus súplicas, no puede hacer nada para cambiar la decisión del general. Pronto, durante los relatos de sus experiencias, Blackadder, George y Baldrick se dan cuenta de lo que han perdido durante la guerra. George, en particular, se da cuenta que es el último con vida de un club de amigos que entraron a la guerra (hecho histórica y tristemente real). El ambiente llega a tal punto que Baldrick, el tonto, pregunta de forma sincera por el final de la guerra, y ni Blackadder ni George son capaces de responder de forma contundente.

“¿Por qué no podemos parar, señor? ¿Por qué no podemos decir: ‘No más muertos; vámonos todos.’? ¿Por qué sería estúpido simplemente empacar? ¿Por qué?”

La melancolía del episodio aumenta cuando Darling llega a la trinchera, pues aunque él y Blackadder han sido rivales durante la serie, ambos se tratan con respeto, conscientes de que están a pocas horas de una muerte segura. Y es George, quien durante toda la serie había mantenido una actitud optimista e ingenua sobre la guerra, el primero en admitir de forma seria, y aun sonriendo mientras lo hace: “Tengo miedo señor []. No quiero morir. No me apetece mucho morirme”. Al final de la serie, justo antes de marchar hasta la tierra de nadie, Baldrick tiene un último “plan astuto” (una frase recurrente del personaje durante la serie), pero no hay tiempo de oírlo, así que Blackadder acepta sin rencor ni miedo su destino, y desea sinceramente buena suerte a sus compañeros. La escena final de batalla se desvanece en un campo de amapolas (símbolo de los soldados caídos), implicando que los cuatro personajes mueren durante la guerra.


Ambos trabajos audiovisuales muestran una visión dura y triste de la misma época historia, y aunque ambos toman rutas distintas para hacerlo (La Mujer Maravilla a través del drama y la acción fantástica, Blackadder a través de la sátira y la comedia negra), los dos presentan al final un cuadro realista. La guerra no es un momento heroico ni glorioso, y debe evitarse a toda costa. Es posible encontrar personas excepcionales durante momentos tan críticos, pero nunca debe olvidarse que, al final, es una situación desgarradora a la que ninguno debería verse sometido.

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