sábado, 5 de agosto de 2017

La unidimensionalidad de los mediocres

Si el lector sigue plenamente las noticias internacionales, sabrá que el pasado domingo se celebró en Venezuela las elecciones para conformar la Asamblea Nacional Constituyente, una que le permita al presidente Nicolás Maduro modificar la Constitución. La propuesta ha sido controvertida desde el principio, dado que no sólo es una salida desesperada del chavismo para aferrarse al poder, sino que además fue realizada sin un previo referendo popular, y el sistema de elección ya estaba amañado desde que se planteó. Dice mucho que menos de la mitad del electorado participara el domingo en las urnas. Maduro no perdió tiempo, y tras celebrar los resultados, hizo encarcelar a los líderes opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma, por un supuesto “plan de fuga” (Ledezma regresó a prisión domiciliaria hace poco).

Como es ya normal -que no por ello deja de ser molesto- los izquierdistas de Internet, y también aquellos que no lo son tanto, saltaron fuera del charco para repetir la monserga usual ante los enlaces de diferentes medios al respecto: “¿Y por qué no te quejas de lo que sucede en (inserte país aquí)? ¡Claro, porque lo que pasa en tu país no te interesa, ¿cierto?! Sólo sabes quejarte de los problemas de afuera.”


Ya he explicado en entradas anteriores con el mismo contexto que esto no es más que la típica actitud mediocre del izquierdista promedio, para quien todos los problemas y crisis de un país sólo son importantes si el gobierno es de derecha. A menudo, esas mismas personas tampoco publican los problemas de su propio país, sino noticias que desacreditan los motivos de los opositores del gobierno que admira, o los problemas de países con gobiernos que detesta, sólo para demostrar, según su visión del mundo, que son más reflexivos. ¿No notan la ironía del asunto?

Ya sabemos, claro, que un individuo ubicado dentro de un determinado espectro político, sea derecha o izquierda, rara vez va a fijarse en las contradicciones, errores e incluso crímenes cometidos por los líderes de su lado, pero será un experto en señalar los perpetrados por sus rivales políticos. Una y otra y otra y otra vez vemos este sesgo ideológico, y me temo que no es algo que vaya a cambiar pronto. Ya lo he dicho antes, cuando comentaba la pésima reacción de un grupo comunista chileno contra manifestantes venezolanos en la Embajada:

A menudo, el que dice “¿por qué te quejas de (inserte país de gobierno de izquierda) y no protestas contra (inserte país de gobierno de derecha)?” quiere decir “¡No te atrevas a criticar a la izquierda! ¡Es la mejor ideología política, el camino de salvación!” Y no es así. Los gobiernos de izquierda no están por encima de excesos, abusos y atrocidades. No reconocer esto es ignorancia. Inventar siempre que es una guerra económica o social externa para desestabilizarlos es patético. Y etiquetar de fascista a todo el que no concuerde con sus ideales es risible.

Sin embargo, relacionado con este tipo de personas, están aquellos individuos a los que les parece que cualquier opinión sobre la política de un país ajeno al suyo es interferencia política y violación a la “libre autodeterminación de los pueblos” (a propósito, señor Petro: ¿hay verdadera autodeterminación cuando menos del 42% del electorado votó por una Constituyente sin previo referendo?). Personas para las que preocuparse por las medidas que toma Donald Trump con respecto al cambio climático, a la separación entre Iglesia y Estado y la inmigración no deberían ser noticia porque, por ejemplo, en Colombia tenemos problemas de seguridad, casos de corrupción y violaciones al carácter laico de la Constitución. Personas que consideran que es impropio ver con inquietud la crisis democrática y social que atraviesa el vecino venezolano, a pesar del éxodo masivo hacia su territorio, porque aún no hay nadie condenado por el escándalo de Odebrecht, la implementación de los acuerdos de paz con las FARC avanza lento, y nadie confía en la transparencia de los medios de comunicación. Mejor dicho, dejemos de estar pendientes de otros países: antes, resolvamos los problemas en el nuestro.


Es un razonamiento increíblemente unidimensional, algo que ya había señalado antes como una mentalidad aldeana. Y ojo, derechosos, que este no es un problema exclusivo de la izquierda: en la derecha también se ve muchísimo el chovinismo y la xenofobia, que como consecuencia también trae un desinterés o incluso un pleno desprecio por lo que pase o deje de pasar en el exterior. ¿Cómo podría una persona así decir que se preocupa por el prójimo (y no hablo aquí de sentimientos religiosos, sino de empatía pura), si lleva su vida con semejante desidia? ¿Es que realmente no deberíamos opinar por lo que pase en otros países con su gente, sus leyes, sus líderes? ¿Acaso nuestra opinión no vale porque no somos de allí?

Con un carajo, ¡claro que es importante opinar y ser cauteloso al respecto! Por ejemplo, Estados Unidos es una megapotencia con gran influencia económica y política en todo el mundo, y cuyas crisis pueden impactar igualmente de forma global. Venezuela es vecino de varios países latinoamericanos, tiene un notable equipamiento militar y cercanía con países como Rusia e Irán. Que en uno el presidente elegido sea un cretino que encarna lo peor de la derecha reaccionaria y haya empezado un proceso de retroceso cultural y social, mientras que en otro se esté pisoteando la democracia constantemente (y no, simplemente dejar que la gente vote no es democracia: nosotros, los latinoamericanos, deberíamos saberlo mejor que nadie a estas alturas) son eventos políticos y sociales que pueden tener consecuencias negativas no sólo para su población, sino también para la región e incluso el resto del mundo. Y aún sin que la situación política del mundo nos importara, un mínimo de empatía debería hacernos compadecernos de la difícil situación que sufre la gente de países en crisis. Decir que no se puede opinar sobre lo que sucede en Venezuela o que lo que haga Trump no es importante porque tenemos nuestros propios problemas es el culmen de la mediocridad, el egoísmo y la falta de conciencia global.

Como comenté antes, algunos miembros de ese lote de incomprensión y cinismo no son más que aquellos que odian que se señalen los errores y delitos en los sistemas políticos que admiran. Otros simplemente creen que sin resolver nuestros problemas, un país como Colombia, con graves falencias en temas de seguridad, justicia y salud, por ejemplo, no tiene ningún derecho a comentar o dar consejos en contra de la situación venezolana. Pero, ¿no debería ser eso, de hecho, una razón para hacerlo? Aquí hemos estado en otros tiempos en un peor estado que nuestros vecinos, y eso debería hacer que nuestro olfato sea fino para detectar los atropellos a los derechos humanos y a la ley (aunque con tanta gente que aún llama presidente a Uribe, creo que andamos con sinusitis en estos días).

Los que me desconciertan y me fastidian son los simplones que creen que cualquier opinión sobre la política de un país ya es injerencia, y que lo único que debería importarnos son los problemas propios. La mezquindad y la pobreza racional de ese tipo de personas, no muy lejanos a los que creen que protestar no vale la pena, y que mejor póngase a trabajar, es enervante hasta el hartazgo. Es, curiosamente, la gente que más rápido se deja pisotear por cualquiera que esté en el poder, porque tan desconectados están de la realidad fuera de su país, que incluso la del propio se les hace rutinaria y ajena.

Claro, es posible que, como ocurre con la indiferencia ante masacres en países con conflicto armado, algunos casos de unidimensionalidad sean consecuencia de la fatiga de compasión. En todo caso, sea por fatiga, por sesgo o por simple mediocridad, nada de eso debería detenernos al expresar nuestra justa indignación a aquello que consideramos antidemocrático y opresivo, ya sea en nuestro país o en el vecino.

Adenda: el Tribunal Superior de Bogotá falló a favor del periodista Daniel Samper Ospina en la demanda interpuesta al senador Uribe por llamarlo “violador de niños”, y le ordenó retractarse antes de 48 horas. Como era de esperarse, la respuesta del Gran Colombiano fue incompleta y burda, retirando las acusaciones de violación, pero reiterando sus ataques a Samper y a la Revista SoHo, insinuando que desvalorizan la imagen de la mujer y los menores de edad, y con ello sus derechos, con un diálogo tenebrosamente similar a lo que predicarían los sacerdotes laureanistas en la época de la Violencia.

7 comentarios:

  1. Hola, a propósito de tu entrada, aqui hay un articulo que (a mi juicio, no se que digas tu) bastante burdo y pretencioso (o fome saco de weas, como se dice por allá) en el que se dice que Colombia corre el riesgo de un totalitarismo a lo Venezuela si gana........¡Claudia Lopez! https://es.panampost.com/luis-guillermo-velez/2017/08/04/las-alianzas-politicas-de-claudia-lopez-le-abren-el-camino-al-totalitarismo/?utm_content=buffer4d372&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

    No se si sepas que dentro de unos meses hay elecciones en la tierra de Condorito, ¿que piensas del candidato socialista Alejandro Guiller y del expresidente derechista (también candidato) Sebastián Piñera?. Ya que hablamos de Chile ¿que piensas de los reclamos territoriales por litoral que hacen Perú y en especial Bolivia?

    Otra cosa ¿de verdad el hablar de los chilenos es tan raro, burdo e ininteligible a ratos?

    Saludos

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    1. Hola. Tardé mucho en responder esto porque necesitaba leer algunos detalles, y este inicio de semestre ha sido muy movido.

      Al artículo en Panampost no hay ni que darle consideración. Yo también tengo una que otra duda sobre Claudia López y sus alianzas, especialmente por el sectarismo del Polo y el ego de Robledo, pero de eso a creer que eso va a dar lugar a un totalitarismo como en Cuba y Venezuela (el segundo no ha llegado aún a eso, pero poco le falta ya) es estúpido y apresurado.

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    2. Guillier es complicado. Tiene buenas ideas, pero le dio visto bueno al trabajo de Bachelet en salud y educación en este período, dos frentes donde hay muchas deficiencias hoy en día. También se le acusa por haber pagado por un texto copiado de una página del Congreso para presentar ese informe en el Senado, y por haber grabado en secreto, mientras estuvo en Chilevisión, a un juez del caso Spiniak y complicar su vida privada hasta que lo sacaron del caso. Siento que es algo así como el Petro de Chile, pero no estoy del todo seguro.

      Piñera hace poco se presentó como defensor de la familia, luego del insulto que le hicieron a Bachelet en el Te Deum. Igual que Peñalosa, incluyó información falsa en su hoja de vida; durante el gobierno de Bachelet hizo un par de shows estilo Laura Bozzo con tragedias personales; las decisiones en educación y pensión tampoco fueron muy buenas; y tiene varios escándalos económicos y políticos a cuestas.

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    3. Los casos de disputa territorial son un poco diferentes, y un poco difíciles de explicar. Con Perú hubo acuerdos territoriales donde no se definió bien la frontera marítima, y las líneas generaban un trapecio marino y un triángulo que no se dividieron al principio, y sobre los que Chile declaraba soberanía descaradamente. En teoría, eso ya fue resuelto, aunque aún hay quejas porque Tacna, en Perú, sigue sin salida al mar, y parte del territorio marítimo que tomó Perú es zona económica exclusiva.

      En cuanto a Bolivia, el paralelo 24° fue declarado como límite territorial en el siglo XIX, pero la zona entre los 23° y 25° era de "intereses mutuos" para ambos países. Cuando disolvieron esa zona después, Bolivia y Perú expulsaron a los chilenos e impusieron impuestos a una empresa chilena en Antofagasta, violando un acuerdo del 1874 al respecto -se discute por qué Bolivia hizo eso, aunque al parecer Perú influyó un poco para entrar a la guerra-. Después de eso, y que se descubrió un pacto secreto entre Perú y Bolivia para joder territorialmente a Chile, se dio la Guerra del Pacífico.

      Chile ofreció una salida diplomática con territorios a Bolivia, pero el dictador de entonces lo rechazó. Bolivia fue derrotado militarmente, y en el Acuerdo de Valparaíso cedieron la soberanía del territorio en los paralelos 23° y 24° a Chile, y como Perú cedió Tarapacá a los chilenos, Bolivia quedó sin mar. En 1904 ambos países firmaron un tratado de paz donde Bolivia le reconoció su territorio a Chile, y este se comprometió a dar libertad de tránsito a sus puertos. Más de allá, hay mucha disputa entre parte y parte sobre si Chile debe ceder territorio marítimo a Bolivia, porque así lo ofreció Pinochet en el 75.

      Y no: por lo general, los chilenos con los que hablo se hacen entender bastante bien. Son los mayores o los muy jóvenes en la calle los que, cuando hablan, lo hacen tan rápido y con tanta jerga que es difícil comprender.

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    4. Aunque tampoco podríamos decir que Guillier (Ni Robledo a pesar de que este no se ha desvinculado formalmente de la MOIR, el es un keynesiano al menos en lo económico) es comparable con Petro pues ni el ni la coalición Nueva Mayoría (a pesar de que la itegra el partido comunista, no se que opinas tú de la diputada Camila Vallejo a propósito), no ha sido (o al menos no abiertamente) castrochavista, incluso Bachelet ha criticado el regimen chavista (en especial con la llegada de Maduro al poder). Yo también he estado enterado de la política chilena, mencioné primero las canditadturas de Guiller y la de Piñera de las ocho que hay al ser las más populares, además del resultad depende tu futuro también pues te toca estar en Chile unos poquitos añitos más (eso si te reciben la tesis la primera vez)

      Ya voy al grano, De las ocho candidaturas, podríamos decir que seis son de izquierda y dos de derecha. Kast yo lo compararía con Uribe en el sentido de que es un ultraconservador social y político y un fuerte neoliberal en lo económico (a lo Agustin Laje), la única diferencia con Uribe es que este señor al menos no ha estado sindicado o involucrado en escandalos graves de corrupción o crimenes de lesa humanidad ni maneja un caudillismo tan ramplon, a pesar de ser medio pinochetista.

      También he visto candidaturas muy interesantes como la de Ominami, la de Navarro por el partido País, la de Goic y hasta cierto punto la del Frente Amplio. Los de la UPA y algunos sectores del Frente Amplio si se podría decir que son "castrochavistas".

      A mí personalmente los candidatos que se podría decir buenos serían Ominami, Goic, Navarro, Guillier e inclusive Sanchez. En lo que si los ocho candidatos coiniciden es en la aversión al Transantiago.

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    5. La comparación con Petro no nace del "castrochavismo", sino más bien de su estilo como candidato (aunque creo que no tiene el mismo ego del colombiano); buenas ideas, ejecución mediocre cuando mucho, y uno que otro rabo de paja. Con Kast te fajaste: es justo como el Uribe de aquí. Y su pinochetismo es tan descarado a veces que creo que lo de "medio" es suavizar la realidad. Es el que más me preocupa que llegue a presidente.

      Mmm... de hecho, Navarro es un conocido chavista, e incluso dice que el gobierno chileno y los medios manipulan sobre lo que ocurre realmente allá. Tampoco cree que en Cuba haya dictadura, así que de los "castrochavistas" hizo falta. De las candidaturas, yo diría que más bien son cinco de izquierda: Goic es de centro izquierda, con una que otra patinada al conservadurismo. Pero sí, en general creo que coincido más o menos con los candidatos que mencionas como buenos (con reservas en cada caso, por supuesto). Lo cierto es que si pudiera votar, en definitiva no lo haría por Piñera ni mucho menos por Kast, y Artés es un chiste.

      De Camila Vallejo he visto cosas buenas y malas, como líder estudiantil y como diputada, así que digamos que mi opinión es de respeto, que no admiración.

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    6. Lo de Navarro fue mi error, pues en el momento que hice el comentario yo había mirado muy por encima sobre dicha candidatura entonces no me di cuenta de eso. Ya después fue cuando me di cuenta

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